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Oxana Malaya

Oxana Malaya (en ruso Оксана Малая) (Ucrania, Blagoveschenka, Unión Soviética; 4 de noviembre de 1983), es una mujer que nació en un hogar compuesto por unos padres alcohólicos que no tenían capacidad para cuidar ni querer a su hija. Antes de los dos años fue retirada de su hogar materno y llevada a un orfanato, más tarde vivió con su padre y su madrastra. Allí mostraba un comportamiento aislado, no podía socializar y era agresiva con otros niños. Fue llevada a otra institución donde empezó a comportarse como un perro, ladraba igual y mordía. Adquirió gran número de hábitos caninos y tuvo dificultades para manejar el lenguaje. Desde los trece años vive en la clínica Baraboy en Odesa donde trabaja de granjera, ordeñando las vacas como actividad principal, ella fue rehabilitada y aprendió a hablar y caminar, aunque su discapacidad intelectual es evidente cuando se le entrevista.

Al momento de su nacimiento su familia habitaba en una zona empobrecida por la que acampaban perros salvajes. Vivió en una caseta de perro tras su casa, donde fue cuidada por estos animales, de los que aprendió su comportamiento y maneras. Gruñía, ladraba o se encuclillaba como un perro salvaje, olisqueaba la comida antes de ingerirla y se descubrió que tenía agudizados los sentidos del oído, el olfato y la vista.

Un vecino descubrió la situación de la niña después de 5 años de aislamiento y de convivir con perros y dio aviso a las autoridades. Cuando la encontraron, había pasado tantos años privada de estimulación intelectual y social que a Oxana le resultó muy difícil volver a adquirir habilidades sociales y emocionales humanas.

Al día de hoy, Oxana puede hablar y gran parte de sus problemas de comportamiento se han remediado. Aún está por verse si podrá formar relaciones estables y sentirse parte de una comunidad humana.

En un documental producido por el Canal 4 británico, sus doctores manifestaban que es difícil que llegue a rehabilitarse adecuadamente a una sociedad ‘normal’. Sus médicos dicen que tiene la mentalidad de un niño de 6 años. Recientemente se encontró con su padre, que la había dejado en la caseta de perro de pequeña. Fue interesante ver que Oxana buscaba su afecto.

En 2006, a la edad de 23, Oxana residía en un hogar para discapacitados mentales, donde ayuda a cuidar las vacas en la granja de la clínica.
En una entrevista para NATGEO declaró que en sus momentos libres le gustaba «correr, jugar, saltar por allí aullando y ladrando» también que «era su naturaleza», NATGEO mediante estudios da a conocer que el cerebro del niño es muy influenciable hasta los 7 años y es imposible revertir estos efectos.

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