
Seguramente piensan en este momento que a Sotelo le dio cáncer y murió de forma horrible, pero aquí les va un pequeño spoiler: Fue de los pocos en esta historia a los que no le pasó nada. Tiempo después narró que se “puso mal unos días” y que fue al doctor y que “pensaron que tenía diabetes”.

“Cuando la llevé al yonke no vi que se me hubiera desprendido nada. Me acuerdo que de regreso se me descompuso la camioneta y la dejé junto al río (Bravo) dos días. Luego me la llevé a la casa y allí quedó estacionado unos 3 meses porque me robaron la batería”, narró años después Vicente Sotelo Alardin.
En efecto, de regreso del Yonke el Datsun radiactivo se descompuso y quedó varado al lado del Río Bravo por dos días contaminando todo lo que pasara a su lado, y luego siguió emanando muerte estacionado frente a la casa de Sotelo, en la colonia Bellavista. Durante todo este tiempo, la camioneta sirvió de punto de reunión para los niños que jugaban sobre ella y los adultos que platicaban sentados en el cofre y la caja.

Mientras tanto en el yonke Fénix usaban imanes gigantes para manipular la chatarra, entre cuyos fierros retorcidos se encontraban los metales contaminados por la bomba de cobalto-60. Al primer contacto del imán con los gránulos radiactivos se irradiaba y transmitía la energía a otros metales con los que tenía contacto. El procedimiento se dio una y otra vez hasta que 6 mil toneladas de material fueron contaminados sin que nadie supiera lo que estaba pasando.
La chatarra radiactiva fue vendida y enviada a dos fundiciones: Aceros de Chihihua S.A de CV (Achisa), una fábrica de varilla para construcción; y Falcón de Juárez S.A, fabricante de soportes para mesa.
Otra parte del material contaminado se envió a las empresas Fundival, de Gómez Palacio, Durango; Alumetales, de Monterrey, Nuevo León; y Duracero, en San Luis Potosí. Se calcula que se produjeron 30 mil bases para mesa y 6 mil 600 toneladas de varilla con material contaminado que se distribuyeron a más de la mitad de los estados del país y se exportó a Estados Unidos. Así recibimos 1984.

Para este momento la cifra de material contaminado ya se había elevado a 20 mil toneladas. Esta cifra es hipotética y muy conservadora, porque los camiones que transportaban la varilla contaminada iban y venían por todo el país. Contagiando todo a su paso.
Se enviaron estas varillas a Chihuahua, Sonora, Sinaloa, Baja California Norte, Baja California Sur, Coahuila, Nuevo León, San Luis Potosí, Guanajuato, Jalisco, Zacatecas, Tamaulipas, Querétaro, Durango, Hidalgo y el Estado de México.

El 16 de enero de 1984, un transportista que llevaba varilla irradiada, fabricada en Achisa, a Estados Unidos se perdió en las carreteras de Nuevo México, Estados Unidos, y al pasar por el laboratorio nacional de Los Álamos (el mismo donde se fabricó la Bomba Atómica) su carga disparó los detectores de radioactividad del laboratorio. El camión no entro a Los Álamos, sólo pasó por allí.
Después de una investigación, los estadounidenses llegaron a la conclusión que había sido la varilla de Achisa la que disparó sus alarmas y notificaron a la Comisión Nacional de Seguridad Nuclear y Salvaguardias (CNSNS) de México, quien dos días después, el 18 de enero, ordenó a Achisa suspender la distribución de varilla fabricada hasta verificar que no se encontrara contaminada.
Diez días después, el 26 de enero de 1984, el personal de la CNSNS detectó que un Datsun abandonado con niveles de radiación de hasta mil roentgens por hora. Para que quede claro, esta cantidad de radiación era superior a la dosis a la que se vieron expuestos los trabajadores de Chernóbil que murieron en un mes.
Ya que el vehículo se encontraba en una zona densamente poblada, fue remolcado por una grúa hasta el parque El Chamizal, que es un sitio que frecuentan muchas familias juarenses. Las autoridades mexicanas, hábiles como siempre, protegieron a la población de la radiación acordonando la zona y poniendo a dos policías a resguardar que nadie se acercara.
Averiguando en la colonia sobre el paradero del dueño llegaron hasta Vicente Sotelo, quien confirmó que trabajaba en el Centro Médico de Especialidades, pero nunca mencionó que había desmantelado la bomba de Cobalto -60 a martillazos.
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Un claro ejemplo de la negligencia y corrupción que siempre ha imperado en México